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Aprendiendo historia
El relato histórico

Javier Ovejero | junio 2001

TRES REPORTAJES EN UNO...
> En defensa del patrimonio histórico (I)
> El relato histórico (II)
> Mirar un cuadro (III)

Una manera de hacer investigar y a la vez de emplear la imaginación es lanzarse al mundo de la ficción histórica. Partiendo de una época que sí existió, con sus historias, sus escenarios y sus personajes los alumnos de 2º de ESO A construyeron pequeños cuentos inventados ambientados en ella. Así, princesas de un sólo ojo, aprendices de pintor, prisioneros, navegantes o caballeros con la mano en el pecho se convirtieron en protagonistas de auténticos culebrones históricos como el que sigue.

En las dehesas cacereñas nació un noble en 1538. Era hijo del Marqués de Trujillo y la Archiduquesa de Sevilla. Su nombre era Miguel y creció lleno de riqueza y felicidad pero a la edad de 14 años quedó huérfano. Su padre había muerto en uno de los ataques ingleses a los barcos españoles. A partir de ese momento se convirtió el Marqués de Trujillo pues era el mayor de los hermanos.

Un par de años más tarde viajó al monasterio de Santa Clara a pedirle un favor a Doña Juana de Castilla, una anciana que parecía un cadáver que hacía movimientos. Le entregó un cofre lleno de joyas a cambio de que, a la muerte del abad , su hermano Juan se quedara a cargo del monasterio.
Miguel contrajo matrimonio a la edad de 22 años con la hija del conde de Valencia, con la que tuvo seis hijas y ningún descendiente varón.

Tuvo una vida agitada: luchó en Lepanto donde perdió el dedo pulgar, y cuando su hacienda disminuyó marchó a América en busca de fortuna.

Fue en este viaje capturado por una nave inglesa y hecho prisionero. De los calabozos le llevaron en presencia dela reina Isabel, quien le obligó a ser su amante. Pronto se aburrió de él y pudo volver a España.

Allí le comunicaron que su esposa y sus tres hijas mayores, Adelaida, Cándida y Margarita habían muerto en un incendio en su villa de Trujillo. Así Miguel quedó casi sin pertenencias, ya sólo le quedaba su título, algunas tierras de cultivo y la pequeña casa de su madre que aún vivía. Al morir ésta se fue a luchar contra Isabel de Inglaterra en la llamada"Armada Invencible", donde quedó tuerto cojo, manco y sin dientes. Tenía la nariz rota y le habían arrancado las uñas de los pies cuando fue rescatado por los maridos de sus hijas.

Cansado y tullido Miguel se retiró al monasterio de Santa Clara en el que fue atendido por una de sus hijas, que había ingresado como monja.

Don Miguel estaba ciego cuando murió en 1609 de unas fiebres altísimas. Murió al lado de su nieto, el que más tarde sería conocido por el Conde Duque de Olivares.

 
 
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