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¿Son los hijos únicos unos malcriados?
Diciembre 2001. María Sarrió, psicóloga
del centro
Evidentemente, una afirmación tan tajante aplicada a un
grupo tan amplio de personas no puede ser cierta totalmente. Pero
¿cuánto de verdad hay en este tópico?
| Algunas pautas para
el éxito |
Hacer sentir a su hijo que es importante y que tiene el amor
incondicional de sus padres.
Aceptar
que su hijo desarrolle su propia personalidad con gustos y formas
de ser distintos a los de sus padres.
Aceptar
que habrá ocasiones en que su hijo no satisfará
sus aspiraciones al cien por cien y tratar de que esas aspiraciones
acerca del hijo sean lo más realistas posibles.
Proporcionar
a su hijo ocasión de relacionarse con otros niños
de su edad. Permitirle que establezca vínculos de amistad
propios fuera de la familia.
Evitar la
sobreprotección.
Proporcionar
a su hijo una imagen positiva pero realista de sí mismo.
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En ocasiones se oye comentar que el hecho de ser hijo único
representa una desventaja en cuanto al desarrollo emocional y social
de la personalidad. Esta afirmación es errónea. Lo que
sucede es simplemente que un único hijo trae consigo una serie
de ventajas e inconvenientes distinta de la que implica la existencia
de varios hijos.
En el Departamento, las entrevistas con padres de hijos únicos
representan una proporción mayor que la de estos niños
en las aulas. Esto es así no porque las familias con hijo único
tengan más problemas que las demás. Al centrarse sólo
en un hijo, estos padres están muy pendientes del bienestar
del pequeño y toman medidas preventivas en seguida, buscando
ayuda para resolver lo que les preocupa.
Los hijos únicos son el centro de todas las miradas. esto les
hace sentirse valosos para sus padres, lo que refuerza su autoestima
y el buen concepto en que de él se tiene. Por otra parte, si
los padres muestran una preocupación excesiva, miedo o sobreprotección
se puede producir justamente el efecto contrario, haciendo que el
niño pierda la confianza en sí mismo para afrontar los
problemas y asumir riesgos. En este sentido, los padres deben comprender
que educar es preparar a su hijo para enfrentarse con las situaciones
que se le presenten y no evitar que se le presenten.
La ausencia de hermanos hace que los hijos únicos se socialicen,
al menos en casa, rodeados de adultos. Esto explica que muchos hijos
únicos sean precoces verbal y socialmente y estén más
preparados que otros niños para enfrentarse al mundo de los
adultos. La otra cara de la moneda es que, al no estar sometidos a
la rivalidad y tensiones propias de convivir con hermanos, su madurez
emocional puede retrasarse: pueden tomarse las ofensas muy a pecho,
ser reservados y no querer expresar sus puntos flacos o carecer de
experiencia para solucionar los conflictos. En este aspecto, la escuela
y el grupo de iguales son importantísimos para que el hijo
único aprenda a relacionarse y madure emocionalmente. La aprobación
paterna
La atención positiva que reciben de los padres hace que los
hijos únicos tiendan a tener una imagen buena de sí
mismos, incluso a creerse especiales. Esto fomenta la independencia
social (vivir conforme a sus intereses personales sin anteponer lo
que les gusta a los demás) y la asunción de metas ambiciosas.
Esto llevado al extremo puede resultar bastante negativo conduciendo
a actitudes egocéntricas. También puede acarrear decepciones
cuando aparezca claro que "después de todo, no soy tan
especial" o "no he conseguido lo que yo esperaba".
Muchos hijos únicos tienden a buscar la aprobación de
los padres en todo lo que realizan. Esto tiene como resultado que
al llegar a la edad adulta suelen ser personas cumplidoras y fieles
a sus compromisos, lo cual es algo muy útil para forjarse una
carrera profesional. Pero cuando complacer a los padres se convierte
en un trabajo que ocupa las veinticuatro horas del día, el
niño se puede ver sometido a unas presiones excesivas. Los
padres deben tener siempre presente que su hijo no hará siempre
lo que ellos consideren mejor y deben estar preparados para moderar
su nivel de exigencia.
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