Evaluación
Junio 2005
Cuando en los ámbitos docentes
pronunciamos la palabra evaluación, la asociamos instintivamente a
los alumnos. Y nadie puede decir que es mala esta asociación, pues
realmente una de las funciones básicas de un profesor es evaluar; es
decir, valorar con la mayor objetividad posible el ritmo de
aprendizaje de los alumnos, la eficacia de los métodos utilizados,
detectar lo positivo y lo negativo, y tratar de corregir los fallos.
Sin embargo, cuando hoy escribo aquí
la palabra evaluación no la estoy usando en este sentido
restrictivo, sino que la extiendo a todo lo que constituye la vida
de nuestro Centro. Es el Colegio en su totalidad lo que creo que
debe ser evaluado.
Es cierto que esta evaluación, como
la de los alumnos, debe ser continua; pero, al estar ya en la recta
final del curso, pienso que este análisis es obligado, si de verdad
queremos ir hacia delante, conservando y afianzando los logros,
incorporando mejoras y eliminando o corrigiendo lo defectuoso.
Por eso, una evaluación seria debe
extenderse a todo lo que aquí hay, a todo lo que aquí se hace y a
todos los que aquí tienen alguna función.
Lo que aquí hay es el Colegio, en su
realidad material, con sus espacios, dependencias, mobiliario,
instalaciones, utensilios, equipamiento…, lo que aquí se hace son
actividades docentes, formativas, culturales, recreativas,
administrativas, relaciones con la Administración y otras entidades,
servicios, reuniones, tutorías, reformas, limpieza,…y los que aquí
tienen funciones son los profesores, los alumnos, los padres, el
personal de administración y servicios, la asociación de padres y
madres, los socios de la Cooperativa, el órgano de gestión de la
misma, el equipo de dirección y la dirección del Centro. Sin perder
de vista que todos estos elementos deben estar bien conjuntados y
bien aprovechados para el logro de esa formación sólida y completa
de nuestros alumnos, que como tantas veces repetimos, es la razón de
ser del Colegio.
Complemento lógico de toda evaluación
son las calificaciones, las notas. ¿Qué calificación merece el
colegio, con sus instalaciones y recursos materiales; qué nota
daríamos a las actividades que aquí se realizan y a los responsables
de cada una de ellas, y de todas en su conjunto?
En
el aire quedan estas preguntas como invitación a la reflexión. En el
fondo nacen del convencimiento personal de que el Colegio “progresa
adecuadamente”, pero que, también, “necesita mejorar”; y que esta
mejora ha de ser tarea de todos.
Mari Carmen Arellano
Directora del Colegio Espíritu
Santo
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