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Enseñemos a mirar
Abril 2000

Te pones un día a explicar a un niño lo que es un triángulo y a lo
mejor se lía, ¡o te lías tú!; le dibujas un triángulo en la pizarra,
y la cosa queda clara. Otro día, para que entienda bien lo de la circulación
de la sangre, haces que se fije en la figura que viene en su libro.

¿Quién se atreverá a negar la utilidad de la imagen? No sin razón
se ha dicho siempre que una imagen vale por mil palabras. Por eso,
desde las cuevas de Altamira, y antes, hasta nuestros días, el ser
humano ha venido grabando, pintando, dibujando y esculpiendo imágenes.
Algunas de sus obras, muchas son tan bellas que nos quedamos boquiabiertos,
y no es para menos al contemplarlas.

Pero con la llegada de la fotografía, del cine, de la televisión,
de los vídeos, de los ordenadores, de los carteles, de las vallas
publicitarias, de las revistas gráficas y de los libros atiborrados
de ilustraciones, la invasión de imágenes está siendo de tal calibre
que, si no las canalizamos y controlamos, se pueden convertir en inundación;
y bien sabemos que la lluvia es buena, pero las inundaciones son catastróficas.

Catastrófica está resultando para las tiernas mentes de nuestros niños
y adolescentes el bombardeo incesante de imágenes, si no les proporcionamos
pautas para su asimilación. Lo que debe ser alimento de su mente puede
convertirse en fuente de confusión, desequilibrio e imbecilidad; porque
la imagen solo es positiva cuando nos ayuda a sentir, comprender,
reflexionar, valorar, aprender.

No son malas las imágenes y aunque lo fueran, están ahí. Vivimos en
un mundo en el que la imagen forma parte de nuestra vida. Lo malo
es ignorarlo y, peor aún, no servirse de ellas para aumentar nuestros
conocimientos, desarrollar nuestra sensibilidad y ejercitar nuestra
libertad.

Los educadores -padres y profesores- tendremos que supervisar, a veces
también dosificar y seleccionar el menú de imágenes que se tragan
los niños y jóvenes. Tendremos que enseñarles a mirar, de modo que
las imágenes los formen, y no los deformen.

Teótimo Leal, director del Colegio Cooperativa Espíritu Santo
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